1 de enero de 2013

¡Qué grande es el cine!


Siempre me ha gustado el cine. Recuerdo la primera película que vi, ¡de Adriano Celentano! ¿En qué estaría pensando mi madre? Seguramente ya habría visto alguna de Disney antes pero, sinceramente, no las recuerdo.

Después de ese “prometedor” comienzo, mi amor por el cine se convirtió en pasión gracias a Televisión Española, ¡quién lo iba a decir! Me enganché a esos maravillosos ciclos en blanco y negro que ponían en la segunda cadena, todavía no era la 2, a mediados de los ochenta. Descubrí a Mitchell Leisen, John M. Stahl, además de a los grandes maestros Frank Capra, Billy Wilder, George Cukor. Vi todas las películas de Cary Grant, Katharine Hepburn, James Stewart y tantos y tantos extraordinarios actores.

Empecé a aprender algo, si es que algo sé, con “Polvo de Estrellas”, magnífico programa de Carlos Pumares; alucinaba cuando con solo decirle “¿cuál es esa película en la que sale un taxista y que van a una fiesta…?”, “Sí”- decía él – “Medianoche de Mitchell Leisen”, tal cual, sin dudarlo un instante.

El otro día una amiga me comentó que había visto Los viajes de Sullivan y le había encantado, me preguntó por algunas películas y me di cuenta que del cine que recuerdo, el ochenta por ciento son películas en blanco y negro y en esa maravillosa escala de grises que diría Pumares.

No creo que sea capaz de expresar nunca lo que me hacen sentir esas películas de los treinta y cuarenta con las que tanto disfruté, pero el Señor Tornatore lo ha hecho por mí en esa inolvidable película que es Cinema Paradiso.

¡Qué grande es el cine!

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